jueves, 9 de abril de 2015
martes, 24 de febrero de 2015
Proyecto solidario "Pintando Cimas"
Proyecto al que dedicaré parte del tiempo, con el que dejaré gran parte de la competiciones a un lado y me centraré en el.... Solo os puedo decir, que desde hace dos meses, he empezado junto a Pablo y el equipo de EnfoKarte a grabar un vídeo para presentarlo y explicarlo... Pero como veo que están surgiendo muchas dudas y preguntas, aquí os lanzo un pequeño adelanto con sus respectivos puntos y seguidos que serán resueltos en el vídeo. ...
Nace un proyecto solidario
llamado “Pintando cimas” de Búscame
en la cima. Carlos Chamorro, maestro del centro educativo SAFA Baena y corredor
por montaña, dirige este proyecto ambicioso
cuyo objetivo principal es llevar
con sus propias manos material escolar a los pueblos de montaña más pobres y
humildes.
Para cubrir los gastos de esta
idea, han pensado vender camisetas de
Búscame en la cima, incluyendo también sorteo de material técnico firmado por
los deportistas más prestigiosos a nivel mundial. Contará con un equipo humano que
ha creído en este proyecto desde el principio. También
contará con el apoyo de sus amigos y de gente de reconocido renombre…
Los primeros pueblos a los que
llegarán los materiales se sitúan en la región del Atlas (Marruecos), puesto
que él es conocedor de la escasez de estos en esta zona.
Es una idea pequeña, pero realizada desde el
cariño y el amor a los que más lo necesitan, pues Carlos ha crecido en un
ambiente de solidaridad y generosidad.
GRACIAS por todo a la gente que apoya a Búscame
en la cima y Pintando Cimas.
“Es en la
cima donde hay que buscar a estos gladiadores de las alturas y el aire, allí
donde el correr se torna en un volar hacia los sueños del corazón. Búscame en
la cima, declara Carlos Chamorro en su diario personal, cuyo símbolo ha
trascendido su ámbito más cercano para ser compartido, disfrutado y recreado
por un sinfín de amigos de cientos de lugares en todo el panorama nacional e
internacional. Carlos es un artífice de los sueños que se hacen sonrisa y que
se contagian con una naturalidad pasmosa, ya que generan una ilusión que
difícilmente no llega a ser compartida. Sus cimas se hacen camino para aquellos
que aspiran a proyectos que sólo son para minorías”, por Jose Chamorro.
Podéis seguir el proyecto en las cuentas oficiales de Instagram #pintandocimas y Twitter @PintandoC o en el facebook público de Búscame en la cima.
Si alguien cree que puede aportar algo al proyecto, el correo oficial es pintandocimas@hotmail.com
Web oficial www.buscameenlacima.com
miércoles, 11 de febrero de 2015
viernes, 9 de enero de 2015
Proyecto Solidario "Pintando Cimas" Esas personas que creía yo que necesitaban tanto y que realmente tenían lo más importante, que era la capacidad de saber vivir intensamente con lo que tenían... Gracias Esperanza por estar siempre cerca de mi.
Carlillos............se me ha quedado tanto que decir,
que te escribo para expresar un poquito de tantos sentimientos que aparecen
cuando comienza un proyecto como el tuyo. Y no escribo para quedar mejor, sino
porque creo que se lo debo a muchas personas gracias a las que veo la vida de
forma muy similar a como la ves tu. Se lo debo a nuestros padres, a Manoli y
Rosi, a Chamorro y Rafa Torres, que nos han enseñado a creer en nosotros mismos
y nos han dado las herramientas y los valores para conseguirlo. Se lo debo a
nuestros hermanos, Jose y Grego, que han sido nuestros compañeros en todos
nuestros sueños. Se lo debo a personas como Miguel De La Cuadra Salcedo y a mis
compañeros cooperantes en el Sáhara que siembran las semillas de la
cooperación, a mis compañeros de trabajo, a mis amigos, a mis pacientes que son
capaces de sonreir cuando los atiendo a pesar de estar enfermos, ... y a
personas como tú, que confiáis tanto en mí y sois capaces de movilizar a los
demás para ir creando un mundo mejor y enseñarnos que en la vida el éxito está
en las cosas sencillas y en acompañarnos unos a otros en el camino.
Cada vez que me propones algún proyecto,
vienes a mí con ese brillo en los ojos y esa sonrisa de entusiasmo que te he
comentado que fue lo que me sorprendió de los niños a los que yo creía tener
que ayudar y que al final fueron ellos los que me ayudaron a mí. Me enseñaron
otra forma de ver la vida, a disfrutarla, a sentirla, a compartirla, a
soñarla.....Esas personas que creía yo que necesitaban tanto y que realmente tenían
lo más importante, que era la capacidad de saber vivir intensamente con lo que
tenían.
Proyectos como el tuyo consiguen que
paremos esta vida tan rápida que llevamos y nos planteemos lo verdaderamente
importante de nuestra existencia.
Yo quiero que mis niñas crezcan rodeadas
de personas como tú, con la fuerza de creer en proyectos para mejorar el mundo,
con la confianza de saber que con esfuerzo, las cosas se pueden conseguir, que
sepan levantarse cuando uno tropieza, que disfruten de cada momento, que sepan
sentir la mano en la que te puedes apoyar y a la vez, sepan ofrecerla sin
esperar nada a cambio.
Quiero enseñarles que la vida así es
como merece la pena y por eso quiero que todos los niños, y también los
mayores, tengan las mismas oportunidades. Se lo debemos a ellos, que nos
enseñan a aprovechar la esencia de la vida. Se lo debemos a ese brillo en esos
ojos tan abiertos y felices, y en esas sonrisas que pintan el mundo de
esperanza y entusiasmo.
Pintemos cimas y caminos, pintemos la
vida, demos gracias porque existan personas como tú que siguen teniendo sueños.
Tu amiga
Esperanza
jueves, 27 de noviembre de 2014
domingo, 19 de octubre de 2014
La naturaleza, cómplice de madre e hijo, se quedó en un segundo lugar, el viento se mantuvo en calma, la luna iluminó la escena.
Un viaje siempre es algo especial. Mis padres desde muy pequeño me inculcaron que el mayor aprendizaje de una persona es conocer otras culturas y otras gentes, tan distintas pero a la vez tan parecidas. El viaje al pueblo de Zaid se ha convertido en una experiencia tan especial que quizás a día de hoy algo de mí perdure allí -parecerá una frase hecha, pero verdaderamente es lo que siento-. Sus gentes, su cultura, su familia, sus colores, sus montañas… Viví sensaciones tan especiales, tan intensas que me cuesta encontrar las palabras para expresarlas. La causa: una boda; la compañía: un grupo de amigos montañeros (Ana, Alfonso, Facha, Inés y el que se dirige a vosotros). Nuestro amigo Zaid se casaba y nos ilusionaba enormemente formar parte de uno de los momentos más importantes de su vida.
El desplazamiento hasta el pueblo de nuestro amigo se desarrolló como una auténtica aventura de 22 horas entre coches y barco, por lo que el cansancio iba apareciendo en nuestros rostros como si de un ultra se tratara, aunque la sonrisa no se desdibujó de nuestras caras como tampoco la ilusión por llegar a nuestro destino. Cuando las montañas del Atlas empezaron a aparecer ante nuestros ojos, caía ya la noche sobre los desérticos valles, por donde se iban colando de vez en cuando algunos oasis. Empezábamos a cruzar entonces pequeños pueblos. De estos me sorprendía la ausencia de cualquier tipo de alumbrado público. Pequeñas bombillas eran las que indicaban la existencia de pequeñísimos locales comerciales, en los que se podía encontrar de todo. Cruzamos Imichil, la última población a la que llegaba el asfalto, y pasaríamos pronto a la pista de tierra. Fue una carretera flanqueada por montañas de 3.000 metros y parecida a la huella que deja una serpiente al reptar la que nos llevó al pequeño pueblo de Zaid. Llegar allí fue como retroceder 2.000 años en la Historia. Es sorprendente ver que las construcciones están hechas a base de troncos de árboles y adobe.
El desplazamiento hasta el pueblo de nuestro amigo se desarrolló como una auténtica aventura de 22 horas entre coches y barco, por lo que el cansancio iba apareciendo en nuestros rostros como si de un ultra se tratara, aunque la sonrisa no se desdibujó de nuestras caras como tampoco la ilusión por llegar a nuestro destino. Cuando las montañas del Atlas empezaron a aparecer ante nuestros ojos, caía ya la noche sobre los desérticos valles, por donde se iban colando de vez en cuando algunos oasis. Empezábamos a cruzar entonces pequeños pueblos. De estos me sorprendía la ausencia de cualquier tipo de alumbrado público. Pequeñas bombillas eran las que indicaban la existencia de pequeñísimos locales comerciales, en los que se podía encontrar de todo. Cruzamos Imichil, la última población a la que llegaba el asfalto, y pasaríamos pronto a la pista de tierra. Fue una carretera flanqueada por montañas de 3.000 metros y parecida a la huella que deja una serpiente al reptar la que nos llevó al pequeño pueblo de Zaid. Llegar allí fue como retroceder 2.000 años en la Historia. Es sorprendente ver que las construcciones están hechas a base de troncos de árboles y adobe.
El recibimiento de su familia ya caló en lo más profundo de cada uno de nosotros. El reencuentro de Zaid con su madre nos mantuvo en un silencio sepulcral durante un largo y emocionante momento. El silencio se adueñó del espacio y nuestros vellos se erizaron al contemplar tan cálido abrazo. La naturaleza, cómplice de madre e hijo, se quedó en un segundo lugar, el viento se mantuvo en calma, la luna iluminó la escena.
Esos días esta familia nos dio cobijo y alimento, además de un trato sin igual. Es alucinante comprobar con cuán poco se puede vivir; lo felices que son con lo poco que poseen: una vaca que ordeña su madre mañana y tarde, unos discretos cultivos bañados por un riachuelo, el rebaño que les proporciona carne para todo el año… ¿Es necesario más para vivir? Son tantas las preguntas que me surgieron… Son tantas a las que no encontraba respuesta…
Uno de los días que salimos a correr por las montañas, hicimos una torre de piedras para que quedara de alguna manera nuestra huella en aquel lugar. La más importante de todas estas piedras viajó con nosotros hasta allí, se trata de una valiosísima piedra que ha sido pintada por otra compañera que nos acompañaba de una manera espiritual esos días, Noe.
Del día de la celebración solo cabe decir que fue muy peculiar… (¡Los invitados iban en camión!) La presencia de mis padres, junto a unos amigos suyos, dio más emotividad a la situación. Pero la hora de regresar se acercaba mientras los invitados continuaban festejando el enlace, pues allí estas celebraciones se extienden hasta tres días. Estos hicieron un alto para acompañarnos al coche que nos iba a traer, entre otros muchos medios de transportes, al sitio desde el que hoy lo revivo todo.
Me sentiré eternamente agradecido a esas personas con las que pasé estos días que van a quedar grabados no solo en mi retina, aquellas que han hecho que el largo viaje de vuelta de 27 horas mereciera la pena y no resquebrajase la bestial sensación de haber vivido, haber aprendido, haber crecido tantísimo en solo unos días...
Esos días esta familia nos dio cobijo y alimento, además de un trato sin igual. Es alucinante comprobar con cuán poco se puede vivir; lo felices que son con lo poco que poseen: una vaca que ordeña su madre mañana y tarde, unos discretos cultivos bañados por un riachuelo, el rebaño que les proporciona carne para todo el año… ¿Es necesario más para vivir? Son tantas las preguntas que me surgieron… Son tantas a las que no encontraba respuesta…
Uno de los días que salimos a correr por las montañas, hicimos una torre de piedras para que quedara de alguna manera nuestra huella en aquel lugar. La más importante de todas estas piedras viajó con nosotros hasta allí, se trata de una valiosísima piedra que ha sido pintada por otra compañera que nos acompañaba de una manera espiritual esos días, Noe.
Del día de la celebración solo cabe decir que fue muy peculiar… (¡Los invitados iban en camión!) La presencia de mis padres, junto a unos amigos suyos, dio más emotividad a la situación. Pero la hora de regresar se acercaba mientras los invitados continuaban festejando el enlace, pues allí estas celebraciones se extienden hasta tres días. Estos hicieron un alto para acompañarnos al coche que nos iba a traer, entre otros muchos medios de transportes, al sitio desde el que hoy lo revivo todo.
Me sentiré eternamente agradecido a esas personas con las que pasé estos días que van a quedar grabados no solo en mi retina, aquellas que han hecho que el largo viaje de vuelta de 27 horas mereciera la pena y no resquebrajase la bestial sensación de haber vivido, haber aprendido, haber crecido tantísimo en solo unos días...
jueves, 16 de octubre de 2014
"Quizás no supiéramos todos los detalles de nuestra vida pero si sentíamos ese lazo de amistad que nos había unido en la distancia". Carta a Carlos Chamorro.
Carta a
Carlos Chamorro.
Se dice
que cada momento es único e irrepetible y ciertamente así es, nosotros
día a día intentamos disfrutar de cada instante, de cada sensación y de
todo lo que otras personas aportan a nuestra existencia, intentando vivir
con una visión positiva de la vida y dando lo mejor de nosotros mismos,
¡así es el equipo de En positivo+!
Hace un
tiempo, a través de nuestra página conocimos a varios corredores de montaña y
entre ellos a ti, Carlos Chamorro (Búscame en la cima),
todo fruto de las casualidades, ya que nosotros ni somos corredores
ni deportistas ni famosos…
La
motivación y la fuerza que emanaban tus palabras nos conquistaron y
acabamos siendo amigos en la red, Búscame en la cima y En
positivo+ comparten una actitud positiva, luchadora, enamorados de
las montañas y llenos de vitalidad.
Recuerdo
que en el primer vídeo que realizamos subiendo una de las piedras de Ann
y Noe, incluimos el símbolo con el cual se identifica Búscame en la
cima, ese triángulo formado con ambas manos, porque nosotros
sentíamos esa conexión, esa energía que te da la montaña sin pedirle nada a
cambio.
Lo más
sorprendente de todo es que nosotros no te conocíamos personalmente ni
a ti, ni a ninguno de los corredores con los que habíamos entablado
amistad y fue la historia de las piedras de Noe la que acabó
por hacer que la magia sucediera y pudiéramos conocernos en persona.
Hace una
semana recibimos un mensaje de David donde nos invitaba a ir a conocer
a Noe, a ti y a otras personas relacionadas con la
historia de las piedras que suben cimas. ¡Y cómo no! ¡Nos hacía tanta ilusión!
que sólo preguntamos por la hora y el lugar.
Llegó el
día tan esperado y allí nos encontramos 6 amigos que jamás se habían visto las
caras frente a la puerta de la casa de Noe y de su familia. Y aunque
parezca mentira, en ningún momento pensamos que éramos desconocidos, porque con
toda seguridad te podemos decir que no lo éramos. Quizás no
supiéramos todos los detalles de
nuestra vida pero si sentíamos ese lazo de amistad que nos había unido en la
distancia.
Disfrutamos
muchísimo con ese encuentro y la visita a Noe, donde pudimos ver
la fortaleza de esos padres ante a situación que estaban viviendo y la preciosa
mirada de Noe encantada de conocer a algunas de las personas que subían sus
piedras pintadas con todo el amor del mundo a esas cimas bien alto.
Te
aseguramos, que recordamos ese día con ilusión, rememorando esas sonrisas
y sonrisas que nos echamos, esa complicidad entre todos los que allí
estábamos disfrutando el momento sin más. Un bonito y mágicomomento.
No había
finalizado nuestro recuentro y ya estábamos planificando volver a vernos, y es
que cuando la vida te da algo bueno…simplemente quieres más.
Así que
….
Carlos,
ves pensando cuando nos vas a alegrar la cara y el corazón con una nueva visita
a Barcelona.
PD:
Nuestra “logística” o mejor dicho …. Nuestro chico de “logística” ¡¡¡es único!!! y nos
llevará donde elijamos.
Un
abrazo enorme del equipo de En positivo+
miércoles, 1 de octubre de 2014
"UN DEBUT SOÑADO EN EL UTBS" por Manuel Cayuela.
Mi amigo Manuel Cayuela hace unos días debutó en la prueba de ultradistancia ULTRA TRAIL BOSQUES DEL SUR, le pedí que con unas palabras describiera sus primeras sensaciones y emociones en ese momento... Aquí os dejo con una lectura, que expresa el sentimiento de muchos de nosotros...
UN DEBUT SOÑADO EN EL UTBS
A día de hoy
28 de septiembre de 2014 puedo decir que he completado mi primer ultratrail,
125km+ 3 kms perdido con 4000+. Fueron 27 horas donde pude disfrutar, reir e
incluso llorar. Es increíble lo que se puede sentir en una prueba así. A los
que nos llaman locos les digo que vendita locura por vivir y por compartir algo
increíble, indescriptible. En esta distancia he conseguido darme cuenta de lo
sencilla que es la vida, de lo simple y básico que es el ser humano y de lo
compleja que es la mente. No puedo recordar ya los cambios en el estado de
ánimo que tuve, casi tantos como subidas y bajadas tenía la montaña, pero mi
determinación era clara: “he venido a acabar y lo voy a conseguir”. Esta
consigna estaba grabada a fuego en mi mente. Aún así, en el km 107 sentí que un
trozo de mi corazón se marchaba, pero tuve suerte y un ángel cartagenero vino a
salvarme, a cuidarme, me dio su ropa, su cariño, su comida, su hombro para
llorar y me hizo sentir que podía y pude (gracias David). Una vez más la
montaña me regalo unas vistas impresionantes, un agua nieve que me hizo sentir
minúsculo, un aire que movía todo mi ser y sobre todo me regalo 21 km preciosos junto a un
ángel que jamás olvidaré. Como tampoco olvidaré a todos los voluntarios de mi
club: Merche, Magdalena, Toñi, Raquel, Javi, Encarna, Naza, Pinte, David que me
animaron y cuidaron, así como a la más importante Maite, mi mujer y mejor amiga
que me ha apoyado y aguantado desde siempre. Ella me acompaña en el ultratrail
de la vida, que para mi es el más importante que todo corredor puede correr.
Nadie como ella me quiere, nadie como ella ha confiado en mi y me ha ayudado a
conseguir mi sueño de ser finisher.
martes, 9 de septiembre de 2014
"Unas vistas increíbles inundaban mi alma, se cernía ante mí un amanecer cargado de colores, de miles de matices que penetraban en las pupilas y en el espíritu" por Lola Rodríguez.
Mi amiga Lola Rodríguez, en primera persona, nos cuenta su ascensión al Veleta y Mulhacén en el mes de Agosto, junto al grupo de amigos Safa Baena, Cáliz, Arcas, Ángel, Tomás, Chamorro...
Llevábamos
planeándolo mucho tiempo y nunca llegaba el día. Yo quería y no quería pero ese
día llegó, fecha y hora, no había marcha atrás.
Quedamos a
desayunar en un barecito camino de Sierra Nevada, unas vistas increíbles
inundaban mi alma, se cernía ante mí un amanecer cargado de colores, de miles
de matices que penetraban en las pupilas y en el espíritu. Yo, tímida ante la
maravilla que se colaba ante mí, quede en silencio sin poder decir nada.
Por fin llegaron
todos y ya juntos partimos hacia la Hoya de la Mora. Al bajarnos del coche
hacia un frío casi invernal, la ropa que llevaba me parecía insuficiente para
aguantar la subida pero ahí estaba mi Carlitos sacando de todo de su mochila,
guantes, cortavientos….
Comenzamos el
ascenso rápido deseando entrar en calor, la Virgen de las Nieves nos observaba y hacia
ella nos dirigíamos.
Subimos al Veleta
como dice Cáliz “vamos a ver, saltalindes, un ratito trochando y un ratito por
carretera”. Carlos nos llevaba por donde no había camino entre pizarras y
rocas. Coronamos el Veleta y seguimos el camino hacia el Mulhacén, ¡ uf!, ¿sería
capaz?.
Bajamos hasta el
refugio, parada técnica, chocolate y frutos secos mientras las risas y las
bromas se hacían eco entre esas cuatro paredes. El frío no cesaba y el viento cortaba
la respiración.
Sin más preámbulos
nos pusimos en camino. Las vistas eran asombrosas, las lagunas salían a nuestro
encuentro continuamente, aun quedaban neveros. Seguíamos subiendo y el aire se
hacía pesado y denso.
Último trecho,
ascensión al Mulhacén, tan cerca y tan lejos a la vez, surgía ante nosotros
majestuoso, inalcanzable, al menos para mí. Arcas con su mirada siempre en la
cima me hacía buscar una piedra blanca que realmente no existía pero que
pretendía que fueran mis miras para no abandonar. Tomás nunca dejó que me
quedara atrás. Ángel me daba charla, intentando desviar mi atención de las
piernas que pretendían dejar de responderme para seguir caminando. Monolito
tras monolito, esperándonos los unos a los otros, siempre juntos. Al fin, cumbre,
Mulhacén, estaba eufórica, lo había conseguido.
Todo fue fácil a
pesar de la dificultad que para mi entrañaba subir. Tuve junto a mí al mejor
equipo, la mejor gente que no me iban a dejar abandonar, aunque lo pensé alguna
vez, ellos estaban ahí. Me decían: “Pasa la primera, pon tu el ritmo” y ellos
se adaptaron a mi falta de experiencia y a mis miedos por no conseguirlo.
Solo os puedo
decir ¡GRACIAS! por brindarme la oportunidad de subir al pico más alto de la
Península y sentirme fuerte por hacerlo.
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